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Yomil y El Dany (de pie) en Celula Music, DJ Unic. Noviembre de 2015 / Foto: Lisette Poole

Por Gabriel López Santana

La muerte a los 31 años de El Dany, integrante del dúo cubano de reguetón Yomil y El Dany, es la primera pérdida física de un miembro de la élite de este género en Cuba. (El joven Elvis Manuel, quien murió en 2008, no tuvo tiempo de alcanzar ese nivel). Además de congelar la salida de un nuevo álbum y malograr el estreno de un vídeo clip, el fallecimiento de este singular artista desmiembra uno de los proyectos más notables en la historia del género en la isla, protagonista de una reinvención única hasta ahora y que les tomó buena parte de una década conseguir.

Aunque faltan detalles sobre la muerte de El Dany — una nota oficial de Salud Pública indicó «afección cardiovascular aguda», pero este domingo fue nombrada una comisión que «profundiza en las causas» del fallecimiento, luego de que su compañero Roberto Hidalgo Puentes (Yomil) alegara en un video que «negligencias médicas» condujeron al fallo cardiaco — , las reacciones a su pérdida ilustran con claridad el estado actual del reguetón y sus artistas en la vida pública del país. «El Sensei», como también era conocido, recibió el adiós y la reverencia de orquestas como Los Van Van, la Revé y Havana D´Primera. Funcionarios culturales participaron en su entierro y los principales medios nacionales, espoleados una vez más por las redes sociales, informaron la noticia de su muerte. Mientras, cientos de personas acudieron a su barrio en Centro Habana para un homenaje público que duró toda una tarde y una noche de flores y canciones. El propio presidente Díaz-Canel dedicó un mensaje de condolencias en su cuenta de Twitter.

Daniel Muñoz Borrego, quien nació el 6 de enero de 1989 en Cayo Hueso, La Habana, y comenzó a estudiar Medicina antes de dedicarse a la música, contribuyó decisivamente a ese estado de las cosas para el reguetón en Cuba. Y las consecuencias de su ausencia podrían tener repercusiones tan marcadas para el género en la isla como sufrimientos para su familia, amigos y seguidores.

Dany participó, junto a Yomil y los productores Italo, Meko y DJ Wongk Beatz, en la creación de más de 60 canciones repartidas en siete discos en menos de cinco años. Una prolífica producción que, si bien no siempre dejó obras de primera calidad, permitió que el dúo se mantuviese en competencia desde Cuba con cantantes que ya habían logrado el salto internacional. También, desde la certeza que brinda a los artistas urbanos una imagen sólida, estos jóvenes le pusieron vestimentas y estados de ánimo a sus canciones, dotando al reparto de un gesto estético hasta entonces nunca visto para acompañar una sonoridad peculiar, el trapton.

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El Dany. Concierto en el Liceo de Regla. Noviembre de 2015 / Foto: Lisette Poole

En un género dominado por los egos exacerbados, El Dany se caracterizó por ser el complemento ideal para otros artistas durante la mayor parte de su carrera, que comenzó en 2009 junto a Yomil en un proyecto llamado DpuntoD y que finalizó tristemente con la salida este mes de Los Champions, el más reciente disco del dúo. Fue un artista moldeable y versátil, que supo congeniar con más de uno de los mejores en su género. De ahí la singularidad de este reguetonero, cuya compañía durante dos años permitió a Jacob Forever mantenerse en la élite tras disolver el proyecto inicial de Gente de Zona. Desde la estabilidad de esos años juntos, Jacob pudo relanzar su carrera como solista, renovando a un tiempo su imagen y su música. Dany, por su parte, hizo lo mismo.

Tras reencontrarse con su amigo Yomil, quien había pasado los años posteriores a DpuntoD en la agrupación Los 4, diseñaron las bases de lo que sería el trapton y utilizaron toda la experiencia y los conocimientos de sus etapas anteriores para relanzarse en el verano de 2015, esta vez con un nuevo nombre. Doping, el primer álbum del proyecto, fue pensado para difundirse a través de redes sociales, YouTube o el paquete, y tiene al barrio como centro de su temática. Sus videos consiguieron millones de vistas y su popularidad creció a tal punto que, en menos de un año, pasaron a formar parte del catálogo de la Empresa Comercializadora de la Música y los Espectáculos «Ignacio Piñeiro», la cual no suele incluir a reguetoneros en su nómina. Al año siguiente, su álbum Sobredosis pasó una semana en el puesto número ocho de los mejores discos latinos de Billboard y recibieron una nominación a los Premios de la Música Latina que otorga dicha revista.

Habían conseguido el éxito internacional sin salir en la televisión ni escucharse en las emisoras de su país, impulsados por Internet y por los millones de fieles que el reguetón tiene en Cuba, más capaces de movilizarse e imponer sus gustos que los propios medios. Se habían convertido en campeones de la juventud sin la ayuda de nadie, sin la aburrida aprobación del Estado. Hicieron giras nacionales promocionadas por ellos mismos, filmaron sus videos y, cuando ya el éxito era una realidad, fundaron TrapTon Music Inc, para agrupar a nuevos artistas bajo su guía.

Claramente influenciados por las caras más modernas de la cultura hip-hop de los Estados Unidos, cuyos temas sirvieron de base a muchos de sus éxitos, Yomil y El Dany se convirtieron rápidamente en una versión de luxe del artista cubano del barrio. Con la base de canciones de Drake, Nicky Minaj o Snoop Dogg, implantaron un estilo más cercano al dembow puertorriqueño y el trap estadounidense, tomando sana distancia con el resto de su competencia en ese sentido. Un estilo en el cual la visualidad jugó un papel fundamental, al poner sobre la mesa del género urbano de Cuba su novedoso sello. Allí, como en su música, Dany fue indispensable.

Su voz suave y fresca acompaña los ásperos rapeos de Yomil en cada tema, como mismo el colorido de sus diseños de vestuario, sus gafas Gucci con montura dorada y su cabeza afeitada contrastan con el blanco inacabable de la Ocha con que su compañero acostumbra a vestir en sus videos. A Daniel Muñoz le interesaban, además de la música, la moda y el baloncesto, dos pasiones que le acompañaron hasta sus últimos días, algo que no puede decirse sin tristeza al recordar que esos últimos días fueron hace muy poco.

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Yomil y El Dany. Sesión de grabación en Celula Music, DJ Unic. Noviembre de 2015 / Foto: Lisette Poole

Fue un reguetonero inusualmente críptico y melancólico en ocasiones, que acostumbraba a reflexionar sobre la muerte en sus redes y, más de una vez, en sus canciones. Tal es así que el tema «Amanece», una canción sobre las oportunidades perdidas, ha sido la escogida por sus seguidores para homenajearle públicamente y sus últimas entradas en redes sociales tienen un aire premonitorio.

Le sobreviven su hija, Daniela, y su esposa, así como una gran familia que aún vive en su natal Cayo Hueso, como él mismo se encargó siempre de dejar saber. «Ve al barrio y pregunta por nosotros, por nuestro vínculo, pregunta si hemos cambiado, si dejamos de ser las personas que siempre fuimos», dijo en una entrevista de 2017.

Su muerte podría marcar también el inicio de una retirada definitiva del reguetón cubano más exitoso — el Cubatón — hacia Miami, siendo ellos los últimos de esta élite en permanecer en la isla. Sin el referente de un grupo asentado en Cuba, pero con éxito global, y con los nuevos reguetoneros interesados en otros temas y formas de hacer su música, seguramente el improbable viaje desde el barrio hasta los Billboards, pasando por la «Ignacio Piñeiro» y las giras nacionales, no se repita jamás con otros artistas. Quizás Cuba, sin la fuerza y el carisma de Yomil y El Dany, se convierta de modo absoluto en una especie de laboratorio del género para los promotores de la Florida. Cinco años después de aquel verano de vértigo y gloria, Yomil ha perdido a «su compañero de lucha» y se ha quedado como en un tema de sus inicios: «Solo».

Publicado originalmente en El Estornudo

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Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

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