Si te molesta, date un tiro

Por Jorge Carrasco

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Tony Menéndez / Foto: Yuris Nórido

Tony Menéndez llega subido en unas plataformas de esponja que lo levantan por lo menos 10 centímetros del piso. Porque Tony no es muy alto, de hecho su estatura es baja, y siempre lo vas a ver tratando de disimular eso. Sus zapatos de esponja y charol, con dibujos de fuego, los compró en Londres y le costaron 2 mil euros, dice él. El resto de su indumentaria es de vinil y pelos, todo negro y rojo. Unos espejuelos oscuros y una complicada visera plástica sin mucha funcionalidad aparente.

Son casi las seis de la tarde, y habíamos quedado en vernos a las cinco. Si Tony no fuera tan mal chofer quizás hubiera llegado a la hora acordada. Pero Tony es un peligro al volante de su Mercedes Benz.

–Acabo de chocar el carro –se disculpa. Pero lo dice con la misma calma con que alguien diría que está nublada la tarde.

Después me enteraré de que Tony no cede el paso, porque piensa que se lo tienen que ceder a él. Se lleva la roja en los semáforos, no se detiene en las señales de PARE, no sabe parquear entre dos carros y aún así nunca ha pagado una multa de tránsito. Dice que los policías lo aman y se la pasan pidiendo autógrafos, recomendándole que se cuide, por favor, Maestro, que no podemos perder una gloria de Cuba en un accidente.

Nos da la mano al fotógrafo y a mí, con una sonrisa amplia. Casi siempre Tony Menéndez, showman, personaje imperdible, coreógrafo y director de su propia compañía de baile, parece feliz.

***

Estamos en la calle Reina, llegando al corazón de la Habana Vieja. La Escuela Taller de Espectáculos que lleva su nombre es la única en Cuba que no pide a los alumnos requisitos especiales para matricular. Reina es una calle ruidosa y estresante, las veinticuatro horas del día llena de almendrones, bicitaxis y gente apurada que camina por sus portales con jabas en la mano.

Hace pocas semanas, Tony estuvo con su Compañía bailando para un video clip de Marc Anthony. Por eso, en una de las dos puertas gruesas de cristal de la entrada, Tony puso cinco fotos suyas con el cantante boricua, como para que a nadie en Reina se le olvide que él es una figura y se codea con gente importante.

En el portal de la Compañía, un cartel grande anuncia los horarios y la fechas para los interesados en matricular. Y el mismo cartel recalca cuatro veces, para evitar cualquier confusión, que Tony Menéndez es el Gran Maestro y el Rey del Espectáculo en Cuba.

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No hace dos meses que llegó al país, después de recorrer Europa entera con sus bailarines. Específicamente en Suiza, a Tony se le ocurrió ir un domingo a esquiar a los Alpes.

–Había tres lomas de nieve –dice.

La primera era pequeña, para principiantes. La segunda era mediana, para los que saben un poco. Y la tercera, y más alta, para profesionales o gente que lleva la vida entera esquiando.

–¿De cuál crees que me fui a tirar yo? — pregunta risueño.

–De la más alta, por supuesto.

Iba Tony de lo más contento montaña abajo, haciéndose el esquiador, cuando se presentó en la bajada una roca de hielo muy grande y él, que se crió en Centro Habana y que, como toda persona que haya crecido en Centro Habana, no sabe esquiar, tropezó con la piedra y rodó montaña abajo ataviado con bufandas, espejuelos, orejeras y cosas.

–Me di una matada espectacular y divina, como mis espectáculos.

***

(Sigue leyendo en El Estornudo: http://www.revistaelestornudo.com/si-te-molesta-date-un-tiro/)

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Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

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