Randy Arozarena: Mr. Octubre de Cuba

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Randy Arozarena / Ilustración: Rafael Alejandro

Por Francys Romero

El 30 de agosto de 2020, el jardinero cubano Randy Arozarena manejaba un auto desde Port Charlotte, estadio alternativo de los Rays de Tampa Bay, hacia el Marlins Park de Miami. Ese mismo domingo en la mañana había recibido el llamado de regreso a las Grandes Ligas. Después de 185 millas y dos horas y 45 minutos de viaje, vistió el traje con el número 56 en el clubhouse y se sentó en la banca a observar el juego. Pensaba que no vería acción. Los Rays ganaban 12 carreras a tres cuando, en la séptima entrada, se enfrentó al zurdo Brandon Leibrandt. Obtuvo una base por bolas.

Anteriormente, el 12 de agosto de 2019, ya los Cardenales de San Luis habían promovido por primera vez a Arozarena al show que representan las Grandes Ligas, luego de que ganara el premio al Jugador del Mes de julio en Ligas Menores. Cuando su mánager lo llamó por teléfono para darle la noticia, Arozarena dormía. Contestó casi inconsciente. Cuando colgó, no supo si era un sueño, así que llamó de vuelta para asegurarse de que en verdad había sucedido.

Randy Arozarena nunca imaginó que el 17 de octubre de 2020 se convertiría en el Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de la Liga Americana. Una especie de Mr. Octubre cubano. Alguien que ha quebrado más de diez récords pertenecientes a otros peloteros de la isla, a otros novatos en Grandes Ligas, a la franquicia de los Rays, y que además se acerca a los 22 imparables de Derek Jeter como debutante (Arozarena tiene 21) e incluso a categorías absolutas, como los ocho cuadrangulares de Barry Bonds para una postemporada (Arozarena lleva siete).

Arozarena pudo haber tenido cualquier otro héroe en su vida, pero él determinó que él sería su propio héroe. Me di cuenta de eso en octubre de 2014, mientras caminaba con mi libreta de anotaciones y hacía entrevistas en el estadio Augusto César Sandino de Santa Clara. Arozarena cumplía su segunda temporada con los Vegueros de Pinar del Río. Cuando lo encontré, corría entre el jardín derecho y el central, compitiendo con Osniel Madera y Lázaro Alonso. Los tres eran muy rápidos, aunque Madera dominó entre los prospectos. Al finalizar el entrenamiento, Arozarena siguió con una rutina de 100 planchas. Conversamos una media hora. Anoté algunas cosas: el tiempo que hacía de home a primera, cuántas posiciones jugaba, el poder al bate en aumento. Se veía atlético, aunque con escasa masa muscular. Sus cinco pies 11 pulgadas y 170 libras de aquella época ahora parecen algo irreal.

En algún momento le dije que estaba confeccionando una lista de prospectos cubanos para publicarla en una revista extranjera. Ahí cambió el semblante. Arozarena entiende la competencia mejor que nadie. Se pone alerta y se prepara, pero en silencio. Entonces comentó que no pararía… «Continuaré entrenando en la Academia de Pinar del Río», dijo. Cuando nos despedimos en el parqueo del estadio, justo antes de que el ómnibus recogiera a los peloteros, Arozarena me aseguró que algún día llegaría a las Grandes Ligas.

***

Luego de que lo subieran el 30 de agosto, Randy Arozarena conectó siete cuadrangulares en la temporada regular. Le bastaron 64 turnos al bate, alcanzando la estratosférica frecuencia de un jonrón cada 9.14 veces al bate. Los siete cuadrangulares fueron contra rectas. Arozarena bateó .154 (13–2) cuando le lanzaron envíos rompientes, el 30.4 por ciento de las veces. Insistieron con bolas rápidas. Hoy en día el béisbol analítico llega a conocer cada escondrijo del jugador. Y si no sabe algo, es porque no quiere saberlo.

Sin embargo, no conocían mucho a Arozarena. Que era cubano. Que había salido en una embarcación en el verano de 2015 y que había pasado tiempo en México antes de firmar por un millón 250 mil dólares con los Cardenales de San Luis. Los equipos de MLB usualmente no se rigen por datos de las Ligas Menores, prefieren chequear el recorrido en el primer nivel para establecer patrones y criterios más o menos definitivos sobre los bateadores. Esa es una de las razones por las que Arozarena estuvo bateando su lanzamiento favorito.

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MLB.com/Baseball Savant

Al comenzar los playoffs en Tropicana Field, los Rays barrieron 2–0 a los Azulejos de Toronto en la Serie de Comodín. Arozarena no fue sustituido como en septiembre. Bateó de 8–4 ante Toronto, con tres extrabases. Ya en San Diego, entre la Serie Divisional contra los Yankees y la Serie de Campeonato contra los Astros, Arozarena sencillamente se convirtió en el mejor bateador cubano en una postemporada para un lapso de 12 juegos. Conectó los mismos cuadrangulares (siete) de la campaña regular, ahora en 51 comparecencias. La frecuencia fue de un vuelacerca cada 7.86 veces al bate.

Los siete cuadrangulares de Randy Arozarena en la postemporada impusieron un récord de novato que anteriormente pertenecía a Evan Longoria (seis, en 2008):

  1. vs. Gerrit Cole (1er inning); conteo: 2–0; pitcheo: recta 96 mph. Rays perdían 1–0.
  2. vs. Deivi García (1er inning; conteo: 3–2; pitcheo: sinker 94 mph. Rays empataban 0–0.
  3. vs. Masahiro Tanaka (5to inning); conteo: 0–0; pitcheo: slider 84 mph. Rays ganaban 4–1.
  4. vs. Framber Valdez (4to inning); conteo: 1–2; pitcheo: sinker 93 mph. Rays perdían 1–0.
  5. vs. Zach Greinke (4to inning); conteo: 3–1; pitcheo: curva 76 mph. Rays perdían 2–0.
  6. vs. Enoli Paredes (5to inning); conteo: 0–1; pitcheo: recta 97 mph. Rays perdían 3–1.
  7. vs. Lance McCullers Jr. (1er inning); conteo: 2–2; pitcheo: recta 97 mph. Rays empataban 0–0.

La gente empezó a preguntarse de dónde Arozarena había salido. Los narradores de TBS le buscaron apodos, y su cuenta de Instagram subió de diez mil a 36 mil 100 seguidores en pocos días. Hablaban de las «botas», tema con el que Arozarena bromeaba. Un artículo en The New York Times buscaba establecer su progresión deportiva desde México hasta las Grandes Ligas. Otro, en The Athletic, señalaba que el público cubano no le prestaba tanta atención.

Es oportuno decirlo: aparte de él mismo, no muchos más creían en Arozarena. No fue valorado nunca como prospecto top y la franquicia de Tampa, incluso, no lo veía entre sus primeras opciones. En San Luis, un año antes, tampoco recibió muchas oportunidades. Fue su fortaleza mental lo que lo trajo hasta aquí.

Cuando el plan se invirtió, y comenzaron a lanzarle pitcheos «lentos», «bajos» y «rompientes», ya él había realizado el ajuste.

— Te van a atacar con slider y cambio — le comenté luego de sus dos primeros jonrones.

— Al final ellos tienen que lanzar en la zona — respondió.

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Sus jonrones constantes crearon la ilusión de que estábamos viendo algo que ya había sucedido, de que todo se trataba de una repetición. Incluso si lo hubiesen retado aún más, no habrían logrado derrotarlo, porque hay que entenderlo: era el momento de Arozarena y nadie se lo iba a robar. Gerrit Cole lo golpeó con una recta de 97 millas al codo en el primer inning del quinto juego — juego «el ganador se lo lleva todo» — entre Rays y Yankees. Arozarena caminó ofuscado hacia primera base, mientras miraba a Cole y asentía. Cole prefirió no mirarlo. Era el duelo del lanzador más pagado del béisbol (36 millones por temporada) frente al muchacho improbable de Arroyos de Mantua. En la sexta entrada, Cole le abrió al cubano con slider de 84 millas y este le pegó un batazo que el jardinero izquierdo Brett Gardner atrapó en el borde del muro.

Después de ganar ese juego, y de derrotar a los Astros en siete partidos, los Rays van a disputar ahora la segunda Serie Mundial de su joven historia, primera desde 2008. Ofensivamente, el empuje lo ha dado Arozarena, el increíble «Mr. Octubre cubano». Ningún bate de la isla ha tenido en el mes de las glorias un impacto similar. En solo dos semanas de postemporada, ha superado a nombres legendarios como Bert Campaneris, Tony Oliva, Tany Pérez, José Canseco o Rafael Palmeiro. Fue un violento y dulce tránsito del anonimato a los libros de historia.

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Arozarena se convirtió en el primer MVP cubano en una Serie de Campeonato desde Orlando Hernández en 1999. Entre otras hazañas, el chico de Arroyos de Mantua también acumula estas:

–Novato con más jonrones en una postemporada (siete). Tanto, o más que él, solo han conectado Barry Bonds, Carlos Beltrán, Nelson Cruz, José Altuve, B.J. Upton, Troy Glaus, Danny Murphy y Jayson Werth.

­–Primer novato con cuatro juegos de tres hits en una postemporada.

­–Novato con más extrabases (11) conectados en una postemporada.

­–Igualó con Yuli Gurriel (2017) como los cubanos con más hits en una postemporada (21), y se encuentra a un imparable del récord para novatos en poder, nada menos, que de Derek Jeter (1996).

–Cubano con más jonrones en una postemporada (siete), superando a Tany Pérez (1975), José Canseco (1988) y Kendrys Morales (2015), todos con cuatro.

­–Novato con más carreras anotadas (14) en una postemporada.

–Segundo jugador con más jonrones (siete) en postemporadas para la franquicia de los Rays (Evan Longoria, 9).

–Novato con más bases recorridas en una postemporada (47), muy cerca del récord absoluto (David Freese, 50 en 2011).

«Eso de los récords no es tan importante», dice. «Sólo quiero ganar».

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MLB.com/Baseball Savant

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La armada cubana del béisbol en Grandes Ligas tuvo historias impresionantes en 2020. Una de ellas: el slugger estrella de Chicago White Sox, José Abreu. Sin embargo, faltaba el estrellato en Octubre. Arozarena rescató el espacio perdido. Su leyenda nació en el mes indicado y alcanzó significados más allá del terreno. Implícitamente, esto devolverá a las organizaciones la confianza en el talento cubano, lo mismo en el mercado de firmas internacionales que en el ambiente de los prospectos de Ligas Menores.

Arozarena ha sido examinado, y sus mejorías no se han detenido. En San Luis, el entrenador Erick Almonte le sugirió que alineara los pies en el cajón de bateo, pues solía batear con los pies cruzados. Durante el invierno pasado, Arozarena también entrenó con varios especialistas de bateo en su residencia de Mérida, Yucatán, y ahora conecta el 32.5 por ciento de las veces hacia la banda opuesta, por encima del promedio MLB, que es del 25.5 por ciento. De ahí, el 44.2 por ciento de las conexiones fueron valoradas como fuertes.

Luego de varios años, me reencontré con Arozarena en marzo pasado durante los entrenamientos de primavera en el estadio FITTEAM de West Palm Beach. En su primer turno al bate, frente a Stephen Strasburg, lució como un jugador de todos los días al nivel de Grandes Ligas. Despreció algunos lanzamientos y alcanzó la base por bolas. Arozarena también ha sufrido golpes fuertes en este período de ascenso a la gloria, como la repentina muerte de su padre en Cuba. Luego salió en lancha de la isla y estuvo todo un año presentándose antes scouts de las Mayores sin certeza alguna. Entre 2017 y 2019, hizo el camino desde Clase-A Avanzada hasta Triple-A. El choque cultural, la incomunicación, las decepciones, que lo subieran y lo bajaran, no jugar con San Luis en la postemporada, el cambio a Tampa, la llegada del COVID-19 y la incertidumbre que trajo para los peloteros de la liga, nada de eso, digo, pudo derrotarlo. No tenía forma de perder. Al final, es como dice Wayne Gretzky: «Uno falla el cien por ciento de los tiros que no hace».

Publicado originalmente en El Estornudo.

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Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

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