Por Carlos Manuel Álvarez

Image for post
Image for post
Mayara

Todavía el corazón no le cuelga de un hilo, como cuelgan los frutos descompuestos o los retratos de pared mecidos por el viento. Pero bien pronto le va a colgar. Después de las veces que se zafó y ella lo apuntalara con fiera diligencia, el corazón va a desprendérsele como el ala de una ventana rota y el aire gélido que empezará a colarse por ahí la volverá un animal demente y lastimero, un músculo que aúlla.

Es la noche del 10 de mayo de 2015 y Cándida López recibe en su casa de Regla, a las afueras de La Habana, la llamada desde Quito de su hija Mayara Albite, felicitándola por el Día de las Madres. Cándida recuerda una conversación diáfana, amorosa, barnizada apenas por la congoja propia de la distancia física. Su hija, incluso, se muestra más vivaracha y activa que en otras ocasiones.

Que su hija nuevamente se asemeje a sí misma parece razón suficiente para que Cándida recupere un poco la calma que desde octubre de 2014 ha venido perdiendo, cuando Mayara, después de vender la casa de su difunto padre en San Miguel del Padrón, decidiera emigrar a Ecuador y probar suerte con su novia Waday, una mulata china de cuarenta años que Cándida siempre ha detestado porque somete a su hija, de tan solo veintitrés.

Desde entonces, despechada y en suelo desconocido, Mayara es cada vez más un puchero mustio. Mayara es cada vez menos Mayara; hasta que, en la mañana del 12 de mayo, Cándida recibe otra llamada al celular desde el número de su hija. Un dique por el que se desbordaron los acontecimientos.

–Yo me había levantado ese día sin ganas de desayunar –dice–. No quería ni salir de la cama. Tenía una apretazón en el pecho. No sabía lo que me estaba pasando.

Ojos de desespero, la boca una pasta de saliva y lamentos, el rostro duro y huérfano, el corazón boqueando. Saltando de agonía, como pez en la arena.

Cándida estatua de sal. Cándida mujer de Lot. Cándida petrificada en la noticia, en el instante, en el túnel a fondo donde le dicen para siempre que ayer en la noche, de la viga de un closet, con las tiras de una maleta.

Mayara,

tu

hija,

se

a

h

o

r

c

ó.

Image for post
Image for post
Cándida López

…………………………………………………………………………………

La presión arterial se le dispara. Todo lo que Cándida haga de ahora en adelante, desde la infatigable cruzada por el regreso del cuerpo de su hija, hasta los breves momentos en que intenta pensar en otra cosa, lo hará con los nervios pulverizados, sumida en un luto cancerígeno que se irá manifestando de distintas maneras y que siempre –no importa cómo se manifieste– tendrá un punto de horror en común: no tener dónde apoyarse, qué venerar.

(Sigue leyendo en El Estornudo: http://www.elestornudo.org/muneca-rota/)

Written by

Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store