La novela del Proletkult

Alexander Bogdánov / Foto: Flipada.com

Por Rafael Rojas

La vida de Alexander Bogdánov (1873–1928) siempre superó la ficción, nunca pudo encapsularse en un relato de Mijaíl Bulgákov o una novela de Philip K. Dick. Tuvo que aparecer un autor tan excéntrico, como el colectivo de escritores italianos Wu Ming, para que este inagotable intelectual, político y científico bolchevique encontrara un lugar en la novela.

Originalmente Malinouski, bielorruso y judío, Bogdánov tuvo un periodo juvenil anarquista como miembro de Naródnaia Volia. Tras graduarse de médico en la Universidad de Járkov se unió al bolchevismo. Desde entonces alternó la medicina con la filosofía y la economía política. Sobre todos esos temas escribió tratados: el más influyente fue Empiriomonismo (1906), donde mezcló el marxismo con el «empiriocriticismo» de Mach y Avenarius, lo que le valió la conocida diatriba de Lenin en Materialismo y empiriocriticismo (1909).

Aquellos debates filosóficos dentro del bolchevismo eran desplazamientos, a la teoría, de la lucha por la hegemonía del partido. Las críticas de Lenin minaban la autoridad intelectual de Bogdánov con el fin de limitar su influencia política, que podía ser decisiva en debates estratégicos como el del papel del bolchevismo ante las reformas liberales o los procesos electorales y legislativos del zarismo tardío.

Generalmente, cuando se rescata la dimensión filosófica del viejo bolchevismo, para contraponerla al aplanamiento doctrinal del comunismo soviético, se mencionan a Trotski, Bujarin y el propio Lenin. Pero como recordara Arthur Rosenberg, en su clásica historia del bolchevismo, no es concebible la discusión filosófica dentro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia sin la obra de Bogdánov.

Proletkult (2020), la novela de Wu Ming, reconstruye los pasajes centrales de la vida de Bogdánov. Nada queda fuera aquí: el filósofo y el médico, el economista y el funcionario, el transfusor de sangre y el teórico cultural vanguardista, el escritor de ciencia ficción y el precursor de la cibernética. La novela adopta la forma de una parodia de ciencia ficción en la que Stalin es un alienígena enmascarado dentro del cuerpo de un conspirador y delator georgiano, como homenaje a Estrella roja (1908), la novela marciana de Bogdánov, pero también como pretexto para glosar la biografía de este bizarro profeta.

Se narran aquí los pormenores del debate de Lenin con los otzovistas, Lunacharski, Gorki, Basárov, el propio Bogdánov, exiliados en la isla de Capri, que proponían boicotear los procesos electorales del reformismo ruso. La radicalización del bolchevismo que defiende Bogdánov, en la novela de Wu Ming, coloca a Lenin en una posición moderada y pragmática. Un Lenin centrista del que no quieren hablar quienes lo capitalizan desde los poderes y algunas oposiciones comunistas que quedan en este planeta Tierra del siglo XXI.

También se cuentan los experimentos hematológicos de Bogdánov. Sus proyectos de rejuvenecimiento a través de transfusiones sanguíneas, que lo llevaron a experimentar con conocidas figuras de la cúpula soviética, como María Ulianova, la hermana de Lenin, y con su propio cuerpo, al punto de morir por problemas circulatorios en 1928. La novela se detiene tanto en la hematología como en la «tectología» o «ciencia de los sistemas», con que Bogdánov se adelantó a Wiener y Bertalanffy.

Pero el momento de la biografía de Bogdánov que más interesa a Wu Ming es el del Proletkult. Esta gran red de asociaciones y comunidades artísticas de vanguardia, impulsadas originalmente por el Comisariado de Educación que encabezaba Lunacharski, en 1917, ganó relativa autonomía entre 1918 y 1920. La novela presenta a Bogdánov como cabeza de aquel vanguardismo que, como en el otzvovismo de Capri, buscaba una radicalización de la política bolchevique.

El Proletkult propuso destruir a cañonazos la catedral de San Basilio y quemar todos los pianos de Rusia, en una gran pira que simbolizara la muerte de la cultura burguesa. Wu Ming describe al detalle concursos culturales del Proletkult como aquel en que había que elegir entre premiar un grupo de músicos que abucheaba el himno imperial, otro que metaforizaba la teoría de los sistemas en un concierto de cinco fagots u otro que ejecutaba una sinfonía para eterófono eléctrico y kanun armenio en la que, siguiendo las máquinas sonoras de Lev Termen, los músicos gesticulaban en el aire, sin hacer contacto con sus instrumentos.

La novela capta el momento preciso en que el Proletkult se vuelve una amenaza para el Estado soviético y Bogdánov acaba enfrentado a Lunacharski, quien hace causa común con la nueva burocracia. El fin de la cultura vanguardista era, como ha estudiado Boris Groys, la anulación total de la cultura moderna, sus estatutos y sus organismos. Dentro de aquella anulación debían incluirse las propias instituciones del Estado y el Partido Comunista. Ambos, al decir de Bogdánov, eran «una duplicación inútil, un desecho de la historia».

Publicado originalmente en El Estornudo.

Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

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