Evelyn Sosa: 53 puntos blancos sobre la noche pizarra

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Evelyn Sosa. Autorretrato.

Por Legna Rodríguez Iglesias

el monstruo, en este caso, habría sido, surgiendo de un cierto orden de las figuras,

una «filosofía del amor», ahí donde no se debe esperar más que su afirmación.

Roland Barthes
Fragmentos de un discurso amoroso

1

En una conversación pública sobre fotografía cubana alguien entre los seguidores dijo que Evelyn Sosa era un escáner. No fue cualquiera sino alguien que ha sido el objeto fotográfico de Evelyn Sosa muchas veces, y con profundidad. Alguien que tal vez la conoce mejor que nadie.

2

Si a la fotografía cubana le falta espontaneidad, ¿cuántas evelynes harían falta, más o menos?

3

No pude darle un solo like a la conversación porque la propia fotógrafa me pidió que no la mirara. Es decir, ¿en ese gesto de no-mirar que la fotógrafa pide a sus seguidores podría esconderse algo que aún no hemos descifrado?

4

Cuando lo descifremos, ¿seguiremos quedándonos extasiados frente a lo íntimo, lo atractivo?

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¿Lo digo o lo pregunto?

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Detrás de los retratos que Evelyn Sosa captura ¿hay gente real que hace caca, queda embarazada joven, se suicida, come pan avinagrado y borra de café o trabaja en una fábrica de zapatos industriales?

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Basándome en la pregunta anterior: ¿son humanos sus retratos o cualquiera de los órganos que aparecen en las fotos?

8

Me explico: veo una humanidad inmensa en esos ojos brillantes y en esos cuerpos expuestos (no desnudos) hasta el agotamiento. Tan inmensa, tan física (estoy hablando de su serie de retratos) que dudo.

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Por qué: la mayoría del tiempo seductores, la mayoría del tiempo llamando la atención (recuerda que son retratos).

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Todavía no me explico: ¿son personas o rayaduras? ¿Podrían ser borraduras? ¿Un retrato podría sustituir a otro?

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Esa obsesión por los colores (blanco, negro y sus derivados) ¿llevaría a la ruina a Evelyn Sosa o la colocaría en el lugar que tal vez ya ocupa?

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Igual que ella, me parece de mal gusto pensar a quien produce arte como alguien que ocupa un espacio, pero definitivamente lo ocupa. Sobre todo, lo desocupa. Lo evade.

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Si el espacio de la fotografía de Evelyn Sosa es un cuerpo dañado por su propia luz, ¿cuál sería el objetivo formal de esa imagen, además de figurativo, estético? En mi opinión: la herida.

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Evelyn Sosa. Autorretrato.

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Evelyn Sosa evade el espacio desde el momento en que piensa la imagen hasta el momento en que la materializa. Sus retratos, incluso autorretratos, están huérfanos de ella.

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Error: no piensa la imagen. El pensamiento de eso que se convertirá en cosa congelada aparece súbitamente cinco segundos antes de que se efectúe. Pensamiento instantáneo, ella es la cámara.

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Al parecer (cámara, escáner) Evelyn Sosa es un robot.

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El robot ha dejado bien claro su estatus legal frente a la fotografía: usurpador permanente, depredador, animal nocturno.

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De acuerdo, el lugar de producción, geográficamente hablando, es por ahora La Habana, Cuba, pero todos podemos ver que esas fotos no son cubanas. No, todos podemos ver que quien no es cubana es Cuba. El país dejó de ser.

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Rectifico: instantáneo no es intuitivo. Ella dice a sus seguidores: trabajo desde el instinto. Pero desaparecer frente a la imagen para construirla no comprende intuición sino imaginación. Evelyn Sosa imagina.

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¿De qué material está hecho el robot? De metal, por supuesto. Su obra es el reflejo de lo que la constituye.

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La Tabla Periódica de Mendeleiev explica (con palabras más precisas) que los metales son elementos químicos, en su mayoría, sólidos. Presentan una opacidad importante, conducen la electricidad de manera vaporosa, brillan insistentemente, y se cristalizan.

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Zigzagueo. Hago lo contrario de Evelyn Sosa: ir directo al grano.

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Siempre que digo grano recuerdo El color púrpura, la novela de Alice Walker donde una mujer enseña a la otra a masturbarse tocándose suavemente el granito, para demostrarle que el placer existe.

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En contraste con la idea de robot aparece una idea menos sintáctica: ¿Evelyn Sosa es, en la fotografía cubana de la segunda década del siglo 21, la mujer que nos enseña dónde tocarnos el granito, sin importarle siquiera lo que eso (re)significa?

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Hablando de lo preciso en Mendeleiev y sus elementos, anotar que Evelyn Sosa podría bajar la guardia, como yo, en las precisiones respecto al contenido, pero nunca respecto a su forma. Su forma es exacta, contundente. Dicho con palabras de la mismísima Evelyn: la imagen tiene que estar equilibrada y a veces un granito la inclina demasiado. Un puntico, perdón.

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Un paréntesis: ¿cuánto cuestan las fotos de Evelyn Sosa? ¿La galería que representa su obra sería capaz de hacerle un descuento a escritoras sin trabajo que escriben en revistas del exilio y que solo pueden pagar con poemas?

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Sí, pero no. Habiendo placer sería imposible que hubiera frialdad. Por muy distante que sea el placer, por mucha barrera expresiva que haya, dado el caso de que no se establezca comunicación verbal entre Evelyn Sosa y su objetivo, la condición de robot, máquina, androide, se debilita. Sin embargo, lo brillante, lo metálico, lo eléctrico y voraz continúa.

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Dicho así, ¿olvidamos lo anterior? No, olvidamos solo lo que no hay que recordar: como en las fotos de Evelyn Sosa. Uno se acuerda de ellas, a veces, por un detalle. El encaje en el cuello, la pelusa en el pelo, la uña quebrada, el corte de pelo, la música alta (¿la música?), el pezón formado, lo contrario, una estrella en la boca, un agua en los ojos, las falanges.

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Lentitud en el suceso: ¿Ocurre sin querer o se adelanta? ¿Hacen una pausa, las imágenes, para que Evelyn Sosa las capte, las asimile, las aproveche en el único instante (posibilidad)?

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Lo voraz: la noche en las fotos de Evelyn Sosa. ¿Pero cómo, si es de día? No entendiste nada: es de noche. Adentro es de noche, sin luna, sin estrellas. Una noche absoluta, oscura, que se mueve. Una noche pizarra, rodeada de noche por todas partes.

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Tengo que preguntarme cuál sería mi reacción si Evelyn Sosa le hace una foto al cuerpo que soy. Estoy segura de que soy un cuerpo. El cuerpo come, orina, eyacula, llora. Soy un cuerpo en toda la extensión de la palabra, en toda el alma de la palabra. Reaccionaría, posiblemente, llorando.

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La idea de que un artista retrate a alguien debería tener que ver con la idea de privilegio. No debería haber otro privilegio que ese. Olvídate del derecho al voto o de cualquier otro derecho.

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Cuando hablé de sofisticación no me refería al aparato que usa Evelyn Sosa para producir sus fotos, me refería a ella como aparato sofisticado. El hecho de sentir: una nueva idea.

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En esa misma conversación pública sobre fotografía cubana con la que empiezo mis notas, en la que Evelyn Sosa me pidió que no participara pero igual participé, con ánimo de saber, tuve ganas de enviar dos mensajes importantísimos. El primero: que se ponga audífonos. El segundo: que hable de la emoción.

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Llegados a este punto ya no hay vuelta atrás. Naufraga por sí sola la teoría robótica que formulé al principio.

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¿Por qué cuerpos y no paisajes, escenografías? No dudo de Evelyn Sosa retratando naturaleza, paisajes (flores, valles, animalitos, gatos, riachuelos, basureros, ciudad nocturna, Capitolio) como todos los fotógrafos, artistas o no, cuando empiezan a mirar conscientemente. Sobre todo porque creo que su idea de paisaje es el cuerpo. Cuando digo noche también pudiera decir cuerpo.

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Porque, según ella misma: el cuerpo y el rostro están en la foto, tienen su lenguaje, pero lo que hace que una foto no se sienta vacía no es palpable. Yo no entendí cuando dijo eso, lo que entiendo es que vacío y palpable son sinónimos en la obra de Evelyn Sosa, porque se trata de sentimientos.

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Las mejores fotos de Evelyn Sosa son aquellas en las que un sentimiento, defectuoso o bondadoso, gravita por encima de la imagen, proveniente no del objetivo, sino de su pizarra.

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Una pizarra es una superficie sobre la que se escribe lo que no se puede olvidar

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A mí nunca se me va a olvidar esto, cada vez que vea una serie nueva de Evelyn Sosa: me encanta disparar en un momento en el que siento que la persona no está mirando hacia afuera sino hacia dentro aunque parezca que mira a la cámara. Es algo que sucede muy rápido, hay que estar atenta pero hay un punto en el que empiezo a ver los gestos como en cámara lenta. Es fascinante. Saber que me estoy quedando con algo que yo decidí quedarme. Algo que fue sólo para mí. Todas las fotos no tienen esa carga pero yo siento algo cuando la hago, lo sé. Lo que yo busco al menos en esos retratos de cerca es un corrientazo. Cuando edito la foto lo hago mirando a los ojos, no miro más nada, no se lo digas a nadie.

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Y tampoco se me va a olvidar esto: para mí hay mucho amor en el acto de retratar, cuando yo te haga fotos a ti va a ser como acariciarte. Cuando retrato a alguien que llora, yo lloro. Toda esa pasión es efímera, instantánea, dura casi lo que un disparo. Es como una droga, siempre quieres más. Yo extraño fotografiar a alguien que quiero.

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Y tampoco esto: todo lo que cambio en contrastes y sombras es para que esos ojos (los que Evelyn Sosa eleva a la condición de nocturnos) miren mejor, echo un vistazo a la foto y quito algún brillo solitario, molesto, pero no siempre.

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Entonces: pierdo interés en la actualidad, en la feminidad, en la sexualidad, en la diversidad de una sociedad que empieza a relacionarse con otros signos, aprehendiéndolos. Me quedo en la oscuridad, en la noche interior de los retratos, en la noche por la noche, dos de la mañana.

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Estoy en una fiesta, alejada de los demás: el océano, el mar, el río, la laguna, el embalse, el pozo, aguafiestas. Nos pasa parecido, Evelyn Sosa. Distancia social.

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Maneras de relacionarse con la multitud como un proceso de autoconocimiento, no psicológico sino dermatológico. ¿Cómo responde la piel? La piel responde con sangre si se le pregunta algo.

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La respuesta de la piel es imprescindible.

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Vuelvo a una idea interior, como la noche, una idea pizarra que no se me va de la mente: la herida. (¿Se imaginan un montón de fotos donde los retratos pertenezcan a un momento entre lo consciente y lo inconsciente?).

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Otra idea que me encanta, no porque me guste o deje de gustar, sino porque el solo hecho de componer un relato como en las aulas de juventud, con introducción, nudo y desenlace, atrae cada uno de mis poros, los pone en defensiva frente al álbum. La novela que yo quiero escribir es el álbum de fotos de Evelyn Sosa. El álbum que sea. (¿Se imaginan una foto Skin & Golden?)

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Contención: ¿escribí contención en la pizarra?

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¿Al lado de contención escribí desplazamiento?

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Prefiero aguantar, me dijo Evelyn Sosa. La conversación giraba acerca del peso de su cámara fotográfica. La cámara no importa, la cámara es lo de menos. Yo voy a tener más cámaras, la cámara es lo de menos.

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Todo encaja, al final, porque el discurso de Evelyn Sosa es un discurso amoroso, de ahí lo metálico. De ahí las figuras, la dispersión, el cuerpo. (De la serie Love Portrait. No sabría precisar)

53

En cuanto a lo blanco, lo absolutamente blanco, ¿alcanzaría con extraer (piensa en los fragmentos, en los laboratorios químicos y en Mendeleiev) un pequeño fibroadenoma plateado, como estrella fugaz, de la noche?

Publicado originalmente en El Estornudo

Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

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