El grito de la claria en la noche

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Por Jacobo Londres

A Jacobo le pasa igual que al chiquito del cuento de «viene el lobo, viene el lobo», porque a veces exagerita como cuando el Buda de la cola del pollo y ya luego nadie le cree si dice algo verídico e impactactón. Resultica que en el verano de 2017 me encontraba paseando con mi familia por las ruinas del acuario de La Habana. La delfinona principal estaba embarazada, dato que suelto para intentar desesperadamente comprobar a través de la circunstancia de otros animales el terrible, desorbitante hecho de que, en la pecera donde se anunciaba al prehistórico y nacional manjuarí, había, en su lugar, una anónima claria. He pedido a mi familia revisar en celulares para buscar, sin éxito, aquella foto posible.

Gasto esta oración en facilonamente adivinar por qué no hay registro de tan crucial foto: mi ausencia del morbo de la certidumbre que solo vendría a restregarme en la cara una de dos opciones tremendas: o la claria se comió al manjuarí o fue sencillamente sustituido darwinescamente, y aunque lo correcto es «darwinianamente», el mismo Darwin no tenía muy buena opinión de las especies que no se aventuraban. Hay que dárselo, la claria batrachus es una especie que se aventuró y resultó ser más resistente que el manjuarí, que al final no era tan duro na, muy fósil viviente y to, muy remontado al periodo carbonífero de la era paleozica (cuando el palo era prieto) y andaban los primeros reptiles buscando qué comer. Mas o menos como ahora, solo que aquellos reptiles no tenían conciencia de su cola y, oh, nosotros sí que la tenemos, pasamos la vida pensando en colas y en la triste conciencia de nuestro perenne arrastrar.

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El grito de la claria en la noche

Durante una expedición en 1882 Darwin se vio separado del grupo y se extravió durante tres días. Incapacitado de caminar por una mordida de serpiente en la pierna, tuvo que refugiarse en una cueva. De este tiempo se conservan unas notas en su Diario, conocidas como «de la Cueva de la Resurrección»: «Hoy vi cómo un gorila macho bajaba a beber agua al río y era destrozado y devorado por una colonia de clarias batrachus. Luego las clarias reptaron por los árboles hasta donde se encontraba la familia del gorila muerto y, tras arrinconarla, una de ellas comenzó aparearse con la gorila hembra. Al descubrirme a lo lejos, dentro de mi cueva, la claria fornicante solo me miró a los ojos con los inexpresivos suyos. El grito de la claria en la noche penetrando a la gorila hembra me heló los huesos, y cada golpe de su babosa pelvis dentro de la gorila era como un golpe de Dios en mí, su castigo divino por mi ausencia de fe».

Entrevista al padre de El hombre Claria

Estos apuntes fueron posteriormente desechados por el propio Darwin, quien los adjudicó a la fiebre y alucinaciones causadas por el veneno de la mordedura de la serpiente. En ninguno de sus libros hace otras menciones a la clarias batrachus, except «…por su capacidad de respirar aire y moverse por tierra representa un gran modelo para comprender las adaptaciones a la vida terrestre». En una carta a los editores de Darwin, su esposa ofrece pistas para comprender por qué este nunca quiso profundizar en la posibilidad de que la claria fuera exactamente el eslabón perdido: «Charlie no se atrevía estudiar la claria, sencillamente no podía sostenerle la mirada, decía que eran como los ojos del diablo, una perversión de la naturaleza». Darwin niega la razón científica por una emoción personal, y queda atrapado para siempre en las percepciones de su platónica caverna.

Jacobo puede comprenderlo, coleccionista de encuentros con engendros matanceros durante toda su vida: el pollito de tres patas, la jicotea con dos cabezas, el cerdo con manitos de humano, la momia Petronila, la niña con la otra más chiquita que le salía pegada del cuello (hasta pude tocarla un día de niño en el Ten Cents de Matanzas por un peso). Alrededor del año 2000 escuché hablar por primera vez del hombre claria nacido en La Habana. Imagino que mi teoría sobre el místico semen matancero se vio amenazada y, en negación territorial, no es hasta hoy que finalmente hago esfuerzos por localizar en las redes sociales el único video sobre el tema. Confirmo en minutas secretas del Comité Central que el gobierno cubano nunca ha querido aprobar leyes para la protección animal con la esperanza de que ocurriera este apareamiento. «De los cubanos aprovechar su capacidad para seguir órdenes, pues las clarias son mas rebeldes en ese sentido», y una nota al margen: «Injertar manos donde van aletas, que no escapen». Imagino que esto se debiera a que el hombre claria terminó por irse a Miami, luego de adaptarse a nadar en agua salada.

En realidad no hacía falta ponernos literales: todos somos el hombre claria. Chillidos como aquel de «Abajo los derechos humanos» son los síntomas evolutivos que estamos buscando. Cada consigna de un gobierno que nos somete es un grito de la adánica claria en la constante noche de nuestro origen penetrado, violación que nos regresa a nuestro ser reptil, arrastrados, inconscientes, sorbiendo millones de metros de tripa y engullendo gallinas decrépitas. Gobierno cubano, eres la serpiente que a tus hijos atacas, eres nuestra enfermedad, la delirante percepción envenenada de un Paraíso en el que ya no creemos.

A la salida del acuario fuimos a Galleria Continua a ver cómo Anish Kapoor tiraba por el suelo un pigmentico capitalista que se traga la luz, y no se sabe si lo que hay en el centro es un dibujo o un hueco. Jose Manuel Mesías luego metió unas clarias en aquel hueco infinito, el movimiento de las aletas presentidas en el fondo calmaba los significados inquietos del horror vacui, aquietándonos casi.

Publicado originalmente en El Estornudo

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Revista independiente de periodismo narrativo, hecha desde dentro de Cuba, desde fuera de Cuba y, de paso, sobre Cuba.

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