Cuando pienso en Fidel Castro se me seca el corazón

Fotograma de Corazón Azul

Por Legna Rodríguez Iglesias

¿Qué hice antes de ponerme a ver Corazón azul? Es importante para mí eso porque este año he aprendido que todo, hasta lo más mínimo, tiene una consecuencia, casi siempre insospechada. Otros años he hecho cosas que han tenido consecuencias, pero lo único que una mujer no puede hacer en la vida yo lo hice este año, y las consecuencias no son humanas. Un tipo de maldad que no le deseo a nadie. Todo lo que hagas tendrá una consecuencia y haber visto Corazón azul tendrá una consecuencia. Estoy segura.

Hace tiempo Evelyn Sosa me dijo que querías ver la película Corazón azul.

Te escribí por Facebook hace tiempo, pero ella me dijo hace unos días que no revisabas los mensajes

y que mejor te escribiera por aquí. Si quieres verla, me dices.

Miguel Coyula

25 de noviembre

05:35

Me senté a ver la película casi a medianoche. Todavía era 26 de noviembre, pero terminé de verla el 27, un año exacto después de la manifestación a las puertas del Ministerio de Cultura de Cuba. El 25 había sido la noche de Acción de Gracias y un aniversario más de la muerte de Fidel Castro. Aunque yo no celebré ninguna de las dos, imbuida como estaba en una crisis respiratoria de mi hijo, metiéndole a su sistema albuterol con butasonide cada cuatro horas. Di las gracias en silencio, el Día de Acción de Gracias.

Aquí en Miami, cuando voy al mercado cada 15 días, siempre compro flores. Me ha dado por comprar unas puchas de silvestres florecillas que parecen romerillos pero no son romerillos. Tienen los pétalos blancos y ralos, iguales que el romerillo. Tienen el centro amarillo caliente, iguales que el romerillo. Tienen más de tres características del romerillo pero no son romerillo. El detalle está en los tallos y en las hojas de los tallos. El detalle siempre está las cosas mínimas. Pues eso, que me ha dado por comprar puchas de romerillo americano en Miami, cada 15 días. Flores blancas. Pero antes de ver Corazón azul lo que compré fue tulipanes.

Compré tulipanes blancos en Whole Foods antes de ver Corazón azul. Había tulipanes de casi todos los colores. No estoy segura de que existan tulipanes de esos colores en el mundo. A veces he comprado tulipanes amarillos y también son preciosos, con esos lóbulos perfectos que parecen genitales perfectos, pero amarillos. Podrían estar enfermos. Podrían no poder reproducirse. Ese día había tulipanes azules pero yo los compré blancos.

Ellos usan un sitio que funciona como el cine:

Una vez que empiezas a ver la película, no la puedes parar hasta que termine.

También creo que hay que verla en menos de siete días.

Miguel Coyula

25 de noviembre

18:38

El adoctrinamiento también es pornográfico y pedófilo. El arte y la literatura deberían superar el adoctrinamiento pero no lo superan. En cuestiones de arte y en cuestiones de literatura estamos como expectantes, dándonos mano muerta unos a otros, acariciándonos a escondidas. No es para menos, habiendo sido criados de esa manera.

¿Tú sabes cómo crecen las niñas y los niños en Cuba? ¿Tú sabes qué se les decía a las niñas y a los niños en Cuba, siendo aún demasiado niñas y demasiado niños como para asimilar (interesarnos en) semejante información? ¿Tú sabes qué se le sembraba en el cerebro a la población infantil cubana? ¿No lo sabes? ¿No te lo imaginas? Se les decía que Fidel Castro, nuestro Comandante en Jefe, el presidente de los Consejos de Estados y de Ministros de la República de Cuba, estaba bueno. No precisamente que era un hombre bueno, sino que, precisamente, estaba bueno.

Cada vez que yo escuchaba aquella estupidez me daba cuenta de que a partir de ahí todo había empezado mal y de que a partir de ahí todo terminaría, para siempre, mal. ¿Por qué tiene uno que oír, en boca de mujeres maravillosas que lo están criando a uno, que semejante escaparate estaba bueno? ¿Por qué tiene uno que oír, en boca de mujeres y hombres no tan maravillosos que uno ve todos los días, que Fidel Castro estaba bueno, como un mantra o como la última canción romántica de la época? ¿Por qué esa cosa estaba buena y no grotesca? ¿En serio Fidel Castro estaba bueno?

Me dicen que ya te mandaron la invitación,

pero que a veces se cuela en la carpeta de Spam,

para que revises por si acaso.

Miguel Coyula

26 de noviembre

10:01

Miguel Coyula lo debe haber hecho a propósito. Miguel Coyula me invitó a ver la película el 25 de noviembre, el día de la muerte de Fidel Castro. Acepté la invitación con mi corazón en la boca, porque claro que hacía tiempo que quería ver la película, desde que Evelyn Sosa me dijo un día: Voy a casa de Coyula a ver Corazón azul. Sin embargo, el enlace no llegó hasta la mañana del 26. Así que vi la película del 26 al 27. El 26 iba dejando de serlo y el 27 todavía no lo era.

Se iba a conmemorar un año exacto de la manifestación de más de 300 artistas cubanos frente a las puertas del Ministerio de Cultura de Cuba. Lo repito así, medio cacofónico y largo, porque esa manifestación rompió un hielo simbólico sumergido tantos años en las aguas albañales de una conciencia de miedo.

Fotograma de Corazón Azul

Cogí los audífonos de mi hijo y me los puse en las orejas para escuchar la película de la mejor forma posible, ya Miguel Coyula me había recomendado eso en un correo que yo acababa de ver. Me parecía que el hombre me estaba mirando por un huequito, como un ojo omnipresente que podría ser capaz de verme los pulmones, los riñones, los intestinos y el útero. Un ojo cinematógrafo que podría verme el alma.

Corazón azul empieza, como si nada, por el principio: un útero en gestación. Hay una madre, un hijo y algo superior que los controla. La mujer y el hijo, juntos, pronto dejarán de estarlo, siendo esa la naturaleza de su unión. Entendí que la película no trataba del control, como 1984 o cualquiera de los relatos más o menos parecidos, la película tampoco era kafkiana. Lo que yo veía pertenecía a otro reino, uno absoluto, el reino de la metástasis.

Por cierto, como sugerencia, mejor verla con audífonos,

hay muchos detalles en el sonido

que de otra forma se escapan si no estás en el cine.

Miguel Coyula

26 de noviembre

17:15

La genética supone que el recipiente y el portador deben ser, humanamente, compatibles. La película de Coyula anula cualquier compatibilidad y relata el vínculo de unos engendros que sobreviven a la lógica del bien. No existe el bien como consecuencia del mal y tampoco existe el mal. Un paralelogramo trazado entre el mundo en que vivimos y la forma de vida ectópica, que sobrevive. Lo malnacido con lo malformado, agitándose en la placenta de selección natural. El tubo de ensayo del sistema Dictadura.

Un desfile de cuerpos y de órganos abiertos, heridas despampanantes a la luz de la miseria, es decir, en la oscuridad, se asimilan bellamente, casi poéticamente, entrando-saliendo, como barbaridades. La espectadora que soy salvaría a cada uno de la poesía del sexo en las escenas de sexo de todas las películas. No hay poesía porque no hay verdad. Hay vacío.

Fotograma de Corazón Azul

La pornografía de Corazón azul es la misma pornografía del adoctrinamiento. Miguel Coyula anula una sexualidad que modificaría el relato, ofreciendo el beneficio de la duda. La belleza de los cuerpos, incluyendo el suyo, es solo la belleza del vacío. Los órganos visibles, nalgas y anos, prepucios y testículos, senos y abdómenes, son solo la belleza del vacío. No hay beneficio porque no hay verdad. Hay vacío.

En otro orden de cosas, Miguel Coyula elabora un fin del mundo superado por el mismísimo fin del mundo real, que es la anulación de Corazón azul como largometraje y obra de arte. La historia del cine está llena de películas censuradas e invisibles, pero lo que hace única a Corazón azul, es la falta de escrúpulos del suceso transversal cinematográfico y el lugar desde el que se cuenta. La producción a propósito de un relato visual que jamás será proyectado en ninguna pantalla de la Revolución cubana. No hay quimioterapia para esa metástasis. Hay vacío.

Yo estoy ahora en el Festival de Minsk en Bielorrusia,

donde acaban de sacar la película de la competencia principal

porque la Comisión Nacional de Lukashenko

determinó a última hora que era pornografía.

Estoy escribiendo un texto sobre lo que pasó.

Miguel Coyula

26 de noviembre

17:28

Conocí a Miguel Coyula y Lynn Cruz, los inescrupulosos del cine cubano, embarazada de mi hijo en el año 2018. Faltaban pocos meses para que naciera y ellos me trajeron unas piedras dibujadas a mano de parte de Lía Villares, desde La Habana. Me invitaron a una puesta en escena clandestina en una casa del Northwest de Miami. Allá fui con mi barriga y mi bebé adentro, nadando en el amnios desconocido de mi interior.

Todos los domingos Miguel y Lynn reciben a algún invitado en su casa de El Vedado y lo sientan frente a Corazón azul. La persona permanece, probablemente, quieta. La persona nadando en la metástasis. Le dije a Evelyn Sosa que me gustaría ver de nuevo Corazón azul, en la casa de Miguel y Lynn, recibida por unos anfitriones de ficción. Le dije a Evelyn Sosa que me daba miedo mirarle la barriga a Lynn, tremendo miedo.

Fotograma de Corazón Azul

Miguel, Lynn, empecé tarde ayer y terminé de ver la película sin parar, con audífonos como dijo Miguel, ya era 27. Fui a dormir con esa sensación de corazón azul, terrible. Quisiera poder escribir algo así, enredada en esa aorta. Vacía. Por favor, tengan los dos mi agradecimiento por haberme enviado el enlace para verla. Un abrazo muy fuerte. Hicieron algo grande, algo que no es poesía y que por eso mismo es enorme.

Gracias, me alegra que te haya dado esa impresión.

La película sale de una novela que yo escribí en el 99.

Pero también fue mutando y creciendo durante los diez años que tardé en filmarla.

Creo que si no hubiera sido de esa forma no existiría,

es la película de la que todos los productores huyen.

Miguel Coyula

27 de noviembre

10:25

Publicado originalmente en El Estornudo.

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